
Mis pies se separaron del suelo, la moqueta quedó libre y mi corazón se encogió. Mis movimientos inconscientes fueron tachar mis brazos en mi pecho, apretar los labios, cerrar los ojos y respirar profundamente, aunque mi garganta desgarrara un grito en el interior de mi boca.
Las hélices de aquel helicóptero del que me lancé, sonaban exactamente sobre mí, y notaba como las miradas que volvieron a pisar la moqueta se hallaban en mi espalda. Me sentía observada.
No sabía qué hacer, tenía miedo, y ni se me ocurrió abrir los ojos en ningún momento, si no gritaría, y no era exactamente lo que quería.
El aire frío pegaba en mi cara, notaba como palidecía, tenía frío, y estaba deseando llegar abajo, caer en tierra firme.
Muchos metros me separaban del suelo, mi lanzamiento hizo que se me pasara de todo por la cabeza, rezaba sin parar porque todo saliera bien, pero algo me decía que no saldría de aquella, era una intuición sin duda.
Entreabrí mis ojos, y mientras notaba como mi pelo volaba por encima de mí, moví la manga de mi chaquera especializada, mirando el reloj y controlando cuando tendría que tirar de aquella anilla para que el paracaídas se abriera en el momento justo. Quedaban menos de cinco minutos. Se me estaba haciendo eterno. No recordaba el por qué lo había hecho.
Mis hijos estarían sufriendo viendo cómo caía desde aquel helicóptero, cómo cada vez estaba a muchos más metros separada de ellos, me arrepentía sin parar, negando débilmente con la cabeza, bufando después, y notando cómo bocanadas de aire entraban sin parar dentro de mi boca. No debí mover ni un músculo de mi cara.
Al fin, abrí los ojos, todo lo veía amarillo por culpa de aquellas gafas que tapaban la mitad de mi cara, miré mi reloj y conté segundos atrás. Puse el dedo índice dentro de la anilla de aquella cuerda que venía de mi espalda, puesto que tiraría de ella de un momento a otro.
"Tres... Dos... Uno... Tiro".
Y tiré. Por un momento me sentí tranquila, pero al notar que mi espalda pesaba al igual que en el principio, supe que pasaba algo raro, ladeé la cabeza un poco, y no vi ni una cuerda salir de aquella mochila.
Cogí la anilla con la mano contraría al lado que estaba, tiré muchas veces seguidas, pero no aparecía ningún plástico que saliera de aquella mochila negra. Miraba hacía todos lados, y veía la arena de playa cada vez más cerca de mí, no sabía qué hacer. Respiraba con fuerza por el miedo y mi cara puso por sí sola una expresión que no sabría definir.
Los movimientos que hacía eran en vano, no se abría el paracaídas, y para colmo estaba llegando al suelo.
"¡Joder, joder, joder, joder!".
Gritaba sin parar a modo de calma, pero la tensión subía por milésimas de segundo.
Me quedé en blanco y pegué contra el suelo. Mi vida había pasado entera por mi cabeza, por mi mente.
Recordé hasta el olvido.
Bonito texto.
ResponderEliminarUna pena sin duda algúna que sea predecible el final, aún así tiene un buen "argumento" ;]
Tu blog es genial,te sigo.
ResponderEliminarSi tenes tiempo te dejo el mio para que puedas opinar sobre el, un beso!
http://ddreamsonpiink.blogspot.com