domingo, 28 de marzo de 2010

Muñeco.


No existe un único mundo, aunque vosotros no podáis verlo. No todas las personas pueden gozar de una doble vida, pero me temo que yo sí, y que ahora sin ella no podría vivir.
Somos muñecos, muñecos movibles que nosotros mismos manejamos. Un muñeco, movido por su propio amo. Un muñeco que siente, que llora, que ríe, que pierde amigos, que gana nuevos, que los echa de menos en determinados momentos, que necesita estar alejado de ellos en otros, que pierde los estribos…
Digamos que es como una doble persona.
Ese muñeco, siente la necesidad de tener a otro cerca, muy cerca, que lo pueda tocar, rozar, acariciar, besar, sentir como si fuera totalmente suyo…
Las personas con doble vida nos sentimos atrapadas en este pequeño y miserable mundo, dónde no tienes miedo de nada, gracias a que todo es ficción, ficción tomada finalmente muy a pecho…
¿Sabéis? Hasta se discute, se insulta, te menos precian, ¿y qué? lo he dicho hace un momento, intentas deshacerte de ese muñeco, y si llega un momento en el que lo consigues, ese muñeco vuelve a ti dando todos los pasos necesarios. Aunque a veces, que vuelva a ti, es por culpa de muñecos de su misma altura, de su misma importancia. De caras que ellos mismos te ponen y que hace que te des cuenta de que lo único que estás haciendo, es dejar atrás a los muñecos y amos que lo manejan, que hacen que te sientes mal por haberlo abandonado todo.
Otras veces, muñecos se van, y nunca vuelven, abandonan a la gente que supuestamente han querido durante mucho tiempo y los olvidan después…
Acabas diciendo que tú ya no haces nada aquí, que estás deseando irte y hacer como ellos han hecho, olvidar…Pero unos pueden hacerlo, desagraciadamente otros no.
Lo intentas por todos los medios, haces todo lo posible para no ser uno más de aquellas personas que no tienen corazón.
Pasan unos días, pasan semanas, y quizás pueda hasta llegar al mes y poco más. “Tiempo totalmente perdido”… Te dices después.
Avisas a todas las personas y muñecos con los que has mantenido la misma vida pero con diferentes historias, dices que te irás y de que no sabes si volverás, dejas dicho que es para siempre. Intentan convencerte para que no hagas lo que no quieres, pero finalmente lo haces acabando de todo con un simple chasqueo de dedos. Desapareces y no vuelves.
Sientes como poco a poco te vas volviendo loco, que estás enganchado a ese muñeco y que no lo quieres perder nunca, quieres cuidarlo, tratarlo y jamás romperlo.
Has salido de ese mundo, pero igualmente estás al tanto de lo que pasa en cada momento, y sientes la necesidad de entrar en él, abrirte a ti mismo las puertas nuevamente y no salir nunca jamás…
Aguantas, tratas de tranquilizarte, sueltas toda tu rabia en llantos constantes y en gritos hacia tus adentros. Pero la rabia entra nuevamente en ti al ver cómo se te escapa el tiempo.
Caes nuevamente. Buscas a los muñecos escondidos debajo de tu cama, vuelven a retomar vida, vuelven a juntarse, pero claro, después de un tiempo, poquísimo tiempo, todo llega a su final.
Él se va, y tú te vas seguido de él. El muñeco acaba roto, y el amo acaba debilitado.
Fin del juego.

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