lunes, 12 de julio de 2010

Existencia.



Hay partes de la vida, en que tienes que ver ese "stop" en algún momento, y después de verlo, tienes que renunciar a ciertas cosas de la vida las cuales pueden llegar a doler, a quemar.
Quizás merezca la pena, o quizás sólo sea un pequeño rebote que tu estómago toma sin poder remediarlo. Pero tienes que buscar el quizás de todo en lo que estás metido, buscar una buena respuesta para no abandonar en lo que un día entraste, ¿mi día? un 17 de diciembre de 2008. ¿Ya es bastante? Yo creo que sí, pero realmente quiero más, quiero seguir en dónde el destino me dejó, quiero ver un nuevo principio, quiero ver un buen final. Un final de lágrimas, alegría, tristeza, risas, todo en un único sentimiento mezclado. Pero a la vez, quiero que toda esa vida pase por mi mente a paso rápido, como las películas, que en sus finales, los cuales tristes, acabas recordando todos y cada unos de los buenos y malos momentos que esa vida te ha deparado.
Hay momento, en que veo el final lo suficientemente cerca, tan cerca que me ciega, y no es una ceguera que te nubla la vista, no, es de esas que causa lágrimas que rellenan tus ojos de pequeñas gotas de agua que poco después resbalan por tus mejillas.
Intentas olvidarlo todo, pero siempre hay algo secundario que te duele, duele hasta dejar que tu garganta no pueda ni tragar, ni dejar entrar el aire que mereces respirar por fin.
Me gustaría... Me gustaría abandonar todo como a perros callejeros, pero eso lo digo un día, lo digo otro, y queda poco creíble decirlo una tercera, pero sí, lo digo una tercera y hasta cuarta vez.
Es un puto vicio, como el de un drogadicto a su narcótico.

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