
Estoy a unas alturas de este mundo en que todo me da igual. Dan igual los demás, dan igual los momentos que hayamos pasado dentro, da igual todo, absolutamente todo.
Puede parecer que esté nada más pensando en mí, pero eso no es cierto, si por algún motivo escribo esto es porque llevo un tiempo solamente pensando en los demás, y ya es hora de que lo haga conmigo mismo.
Podríais pensar que es de un egoísmo absoluto, pero deberíais saber qué clase de problemas pasan a cada segundo por mi mente.
He tenido un pasado bastante malo como para seguir, como para tener ese nudo en el estómago a cada segundo, que no te deja comer ni dormir solamente de cuatro a cinco horas. ¿Realmente me lo merezco? ¿Me merezco este dolor que reconcome mi cabeza? Tampoco he hecho tanto mal como para merecer esto.
Hubo un momento en que pedí una mínima cantidad de atención en mí. Pero es como tomar dosis de pastillas, que al cabo del tiempo acaban sin hacerte efecto por lo que necesitas cada vez más. Pedí mi cantidad, pero después necesité más, después más todavía, hasta pedir lo imposible y al no poder dármelo decaí, por lo que ahora me siento mal.
Más tarde, te das cuenta de cosas que te avisaron desde un principio y que no quisiste creer por el miedo que te supondría, pero llega un día en que la curiosidad te reconcome y acabas por saber la verdad.
Te sientes engañado, quieres una explicación y al no poder dártela puesto que no sabes de dónde sacar las palabras necesarias para tal, necesitas abandonar y olvidar. Pero no se puede, sólo con una ayuda, dos, o hasta varias más, pero la persona que te engaña, y tú, el engañado, habláis, gritáis sin parar, lloráis...
Lo ves todo perdido, pero al final de ese túnel hay una luz, casi invisible, pero la ves. Corres hasta ella, la tocas, y entras.
¿Qué pasa a partir de ese momento? Quieres verlo todo lleno de flores, lleno de rosas, lleno de felicidad, pero no. Intentas verlo todo con otros ojos, pero los momentos anteriores no pasarán, al menos por un tiempo.
Otra vez: “la persona que te engaña, y tú, el engañado, habláis, gritáis sin parar, lloráis...” dándoos una nueva oportunidad con la esperanza de cambiarlo todo.
¿Y ahora? ¿Qué pasa?
Ahora es cuando el futuro está en tus manos, o lo cambias, o el túnel se cerrará al completo.